LUIS GÓMEZ, EL REY DE LA TONADA CARVAJAL
Desde mi infancia escuchaba, con toda la tención y la atención de un niño, los cuentos sobre Luis Gómez, un poeta taciturno, bohemio y hasta misterioso que aparecía por los campos, cantaba por la radio, llegaba y se iba con la tristeza que solo saben exhibir los artistas inmensos como él, un improvisador improvisado, un hombre sin edad y con demasiadas heridas de amor en el corazón.
Me propuse buscarlo y un día me lo presentaron. Yo, orgulloso de mi nombre radial, heredado de mi padre, le dije: Yo soy Fabio Bosch, el Hijo. Me miró casi escrutándome y le dio poca importancia al linaje radial y a la fama.
- Entonces si tú eres hijo de Fabio eres hijo de Machucha.
- Sí.
- Y si eres hijo de Machucha eres sobrino de Isidro Hernández.
- Sí.
- Entonces dime: ¿Cómo está él?. ¿Está vivo todavía?. Cuéntame de Isidro.
Así, mediante mi tío poderoso y parrandero, a quien él se llevaba de la casa y no se lo devolvía a la tía Ramona sino después de haberle cantado a todas las palmas, guajiritas y jilgueros de los campos circundantes y haberse bebido todo el ron de cuanta bodega se encontraban por el camino, es que comenzó entre nosotros una amistad que terminaría con la muerte de él.
Cuando me mudé a Cienfuegos, en 1984, lo volví a buscar, le hice un programa que ganaría para esta provincia su primer Premio Caracol de
Pero fue en 1993, cuando comencé la experiencia del Triángulo de
Fueron ocho años de emociones imborrables. La gente llegó a conectar tanto con el proyecto, que en el 2001, cuando él murió, en su propio funeral me decían: “el programa no puede morir”.
Y no murió. Vive, como vive su recuerdo. Sale cada sábado al aire y siempre comienza con una obra suya, y poetas que le quisieron y le quieren, llevan adelante el dialogo con el público.
De esos ocho años compilé un libro al que llamé CON
Sinceramente:
FABIO
LUIS GOMEZ: EL REY HA MUERTO.
(Publicado en Azurina, a pocos días de su muerte)
La importante investigadora cubana María Teresa Linares fue tal vez la principal responsable de que a Luis Gómez se le conociera por El Rey de
Su vida estuvo marcada por las difíciles circunstancias que le podía tocar vivir a un pequeño campesino, con siete hermanos y una madre viuda cuando él apenas tenía 9. Por eso, tan niño y tan pobre se marchó con un circo, pues su mente infantil se había prendado de las cuerdas y voces de quienes a inicios de siglo hicieron que el punto cubano desde aquellos vetustos fonógrafos primero y en la radio después, fueran de la preferencia del gran público criollo.
Su paso por la radio fue decisivo y su voz se escuchó prácticamente en todos los programas de punto cubano del centro y occidente del país. Sin embargo Luis, aunque se enamoró de la radio desde una fría tarde de 1937 y no la abandonó hasta el mismo día de su muerte en el 2001, fue un poeta de guateques y campiñas, siempre junto a su pueblo. Bohemio por naturaleza que supo de la suerte de sufrir hasta que un día
Con la creación de nuestro ICAIC fue también el cantor de muchas películas y el decimista memorable que a pura inspiración en “La canción del turista” dijo la poesía que cautivaría al Jilguero de Cienfuegos para siempre:
que me lo brinda un amigo
para un hombre sin abrigo,
sin amor y sin dinero.
Sirve otro trago que quiero
sepultar una ilusión
y no critiques mi acción
que si la bebida mata,
¡mas daño causa una ingrata
que un siglo bebiendo ron!
Pero lo mas importante no es todo lo dicho, ni siquiera ese final impresionante de su vida, improvisando lúcidamente hasta el último día de su existencia. Lo verdaderamente loable en Luis Gómez, es que con su obra supo siempre sintonizar con los sentimientos, los anhelos, las alegrías y las tristezas de su gente, de ahí, que como a uno grande que fue, se le pueda decir ahora:
¡Ha muerto el rey! ¡Que viva el Rey!
Fabio Bosch, Jr.
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LUIS GÓMEZ Y LA RADIO
(Publicado en la web cultural de su pueblo natal, Cumanayagua por Fabio Bosch, Jr.)
Para mi era muy difícil resistir la tentación de escribir este artículo para la página de la amada tierra de Luis Gómez, pero cuando fui a pretextar cuanto me castiga ese sempiterno tirano que es el tiempo, me tropecé con unos versos del poeta donde decía:
Oh mi pueblo encantador
cómo olvidar que tu fuiste
la cuna donde me diste
aliento, nombre y amor.
por eso te he prometido
no arrancarte de la mente
¡yo podré morir ausente,
pobre, pero no te olvido!
Y entonces surgió la clásica pregunta: ¿qué faceta de la vida y obra de Luis tratar?. Y me dije: -Este artista que cada sábado prefería perder el mejor guateque, el mas delicado homenaje o la mas estridente pelea de gallos, antes que faltar a su hora radial... este juglar que cantó por nuestras frecuencias justo una hora y media antes de morir, fue sin dudas, un hombre de la radio. Y sobre eso voy a indagar y a escribir.
No cabe dudas que un joven de campo, aun con las condiciones excepcionales que poseía él para la décima, tenía un camino difícil que recorrer para llegar donde otras conocidas figuras grababan aquellas placas de acetato para ser escuchadas en los fonógrafos que se esparcían por campos y ciudades en todos los modelos y tamaños. Luis Gómez se percató de que había llegado tardíamente al festín y que no podía desperdiciar sus días en tratar de ascender para hacer una de aquellas grabaciones... además, él era demasiado humilde para proponerse aquello como una meta de su vida artística, por eso prefirió la vida de bohemio, donde claro está, no dejó de alcanzar un nombre.
El nombre de Luis Gómez rodó tanto, y tanto se habló de aquel joven trigueño, apuesto y de un nivel de improvisación que causaba asombro por donde quiera que pasaba, que cuando regresó de Santa Clara, en 1935, Duarte (por entonces locutor y actor de
Pero el ser inquieto y bohemio que habitaba en Luis no le permitió quedarse allí por mucho tiempo. Por eso decidió ir a Santa Clara, entonces capital de Las Villas y hacer radio allí en emisoras como
Luis me contó que allí también hizo turnos como operador de audio, siempre en las últimas horas de la noche, para quedarse a dormir en algún rincón... para dormir unas horas... para vivir.
Luego no hubo emisora que tocara punto cubano en la región central del país que no esperara el momento preciso en que apareciera en sus puertas Luis Gómez. En Placetas, en
El triunfo revolucionario, según sus propias palabras lo rescata del lodo, lo eleva y lo reconoce. Con
Partió un día, como solía hacer siempre, sin decir que se marchaba para no volver... y esa vez no para irse a otra emisora, sino para llevar su canto sabrá Dios adonde.
Pero la radio que tanto amó ya le había atrapado para siempre... porque
PALABRAS FINALES A LUIS:
Es difícil decir unas últimas palabras a alguien que ha de volver.
Y es más difícil aún desentrañar el misterio que habitó y habitará en la vida de un poeta. Él mismo me dijo un día, en el patio de la casa de Lázaro García, que la poesía era un lamento... una queja... una lágrima: y Luis era una poesía.
Nunca sabremos con exactitud cuando llegó a estas tierras, sin embargo sí sabemos que decidió partir el mismo día que su entrañable amigo Florentino Morales.
Nunca sabremos de que gustó más: si del humor o del amor... si del consuelo o del desconsuelo, si de la rosamelia o de su inseparable carvajal.
Nunca sabremos si hubiera querido seguir a la grupa de aquel caballo en que se paseaba semidesnudo por Cumanayagua donde le gritaban “el pichón”... o si recibir el aplauso cuando construía, como nadie, en su querido programa, el más difícil pie forzado.
Nunca sabremos si quiso mas a todos aquellos que proclamó sus nietos, o si a todas las mujeres que amó en la vida.
Nunca sabremos de quien fue Luis en particular, porque Luis es de todos nosotros.
Con él se lleva muchos secretos que nadie podrá desentrañar jamás porque le fue dado el misterio de la poesía y los misterios no se revelan.
De las muchas cosas que me han dicho en las últimas horas, la que más hondo me ha llegado fue esa que un amigo me expresó con un tono de compasión: “Se ha ido uno de los dos grandes... pero queda otro todavía!”.
De los dos, el verdaderamente grande es él: Luis Gómez, y si es cierto que se ha ido, también es cierto que va a volver. Y repito: es difícil decir unas palabras a alguien que ha de volver.
Por esos misterios de la poesía, un día de estos, una buena colada de café criollo, la espuela de un gallo, o una tierna tonada carvajal nos lo va a devolver. Allí va a estar para acompañarnos con su cabeza gacha, meditando bien despacito lo que va a entonar, y con toda seguridad, aunque nos llegue en otras voces distintas, ese va a ser, desde el infinito, el canto de nuestro Luis.
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De Bárbaro García.
Ayer estuvimos juntos
¡qué sábado para un roce!
no todo el mundo conoce
la calle de los difuntos.
No había comas, ni puntos
suspensivos en tu andar
y al profundo lagrimear
de los que despiden duelos
no le hace falta pañuelos
porque el cielo va a llorar.
Esta vez no le ganaste
ni al gallero mas sencillo
y sollozó en tu bolsillo
el dinero que gastaste.
La bravura en el desgaste
de la memoria te lavas
aunque en esas luchas bravas
te dio el gallo de la muerte
una picada mas fuerte
que la que tu soportabas.
Yo también me bebí un ron ¿Qué será de mi esta vez
no por tu muerte, entre tantos que te gano... o que te pierdo?
es que yo no oculto Santos no puedo en el lado izquierdo
ni Curas en un rincón. soportar la intrepidez.
¡A mi me asusta el panteón, Del tiempo, la vida es
tantos han venido a verte! difícil, calle fatal,
porque yo guajiro fuerte y soy en el funeral
antes de la despedida donde el alma se me agita
te di mucho mas en vida mendigo que le recita
que los que envidian tu muerte. al rey de
De Alberto Vega Falcón
dígame a qué galaxia se aproxima
qué carga de nostalgia lleva encima
que arrugan el espejo de su frente.
Dígame qué laúd lleva impaciente
qué prima, qué bordón saben a risa
qué ausencia por las calles lo lastima
qué amores se ha llevado la corriente.
El pueblo con la miel de su garganta
no lo deja morir, por eso canta
con
Tendrá su tumba eterno amanecer
el beso sin manchar de una mujer
y un gallo fino que le de la hora.
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